¿Qué pasa cuando le dices a una amiga que la quieres mucho, que la has extrañado como no tiene idea y que bien a bien no puedes identificar el motivo, todo esto con el antecedente de ya saber ella que te gustan las mujeres?

Nada. Ella entiende que una persona bajo el influjo del alcohol puede decir demasiadas tonterías juntas en poco tiempo (10 min). Ella sabe que el que hayas pendejeado a su novio tiene un dejo de verdad, es un pendejo. Ella y tú hablan a la mañana siguiente y ríen de lo hecho para llegar a la conclusión de que no duda que la quieras porque ella también siente aprecio por ti. Le pides disculpas pero solo atina a decir “Weeey! Ten cuidado, imagínate si le hubieras marcado a Fulanita (mujer que no, no, no, no, no, no me gusta nada, nadita, naditititititita) No chingues! ya te estarías retorciendo del arrepentimiento jajajaja”

Entre broma y broma

Iba llegando a la escuela cuando...


Orson.: Que pedo! pero si hoy es miércoles y no viene la Mtra. E.

Yo: mmm…

O.: solo por ella venías no?

Yo: mmm…

O.: Aaaah! Si es cierto, se me olvidaba que son amantas.

Yo: mmm…

O.: Y en el hotel durmieron juntas? Porque es mentira que compartió habitación durante el viaje con Z. veeerdad?

Yo: mmm…

O.: coge rico? te gustó?

Yo: no, no me acuerdo.

O.: no mames! Te dejó inconsciente, pinche licha! Quien la viera. Dicen que fuiste quien se la bajó a la Mtra. A. pinche Dispersa, tienes pegue cabrón!

Yo: Pues ya ves, soy irresistible , hasta una hija tuvimos.

O.: Jajaja neta! Quien la parió?

Yo: pues ella tonto, sólo ayudé a concebirla. Aaaaah! Nuestra hija!

O.: Jajaja que bueno que lo admitas.

Yo: si, ya no podemos seguir callándolo, jijiji, BA-BO-SO!

Vaguedades de Domingo

Encuentro lo que no quiero y lo que quiero ya no lo querré cuando lo halle.

¿Dónde quedó ese comprobante?
Las llaves ¿otra vez?
¿Credencial?
¿Memoria?
¿ y yo?

Demasiado tiempo muerto.

Sin destinatari@

Días rancios
Ojos entre abiertos
con el aliento desojado y pútrido,
Cuerpo tembloroso
y las remembranzas de un anhelo perdido.
Sonrisitas escondidas tras el ceño fruncido,
Palabras que he vomitado por error.
Todo transmite desazón.
Contracción de viseras para no caer mal.
Bullicio que se contonea sin objeto alguno,
Deleite de cuerpos enmohecidos.

Letargo acogedor…
En la banca, mojada por la lluvia ligera estoy,
¿Sabes que no pude dormir?
¿Sabes que no me sabe la vida?
Inherente a mí está lo insípido de ti.

El tiempo

La miro... me mira... sonríe... sonrío... hablamos, hablamos, hablamos... silencio, silencio... volvemos a hablar... llegamos a su destino, se baja, camina unos pasos, voltea y me muestra la lengua, sigue siendo algo irracional y ególatra, no cambia... continuamos detestando las mismas cosas, a la misma gente, todo esto aunado al odio mutuo.
¡Joder! Ella creció de algunas partes que no pude evitar mirar durante el tiempo que estuvimos sentadas... dos bueeeenos...mmm... bueeenos motivos para verla con mayor frecuencia.
Quien diría que después de 9 años se pondría así.

Permiso, permiso, permiso.

Las más de las casas por las que he pasado estos últimos 3 días despiden ese olorcito desagradable que produce el incienso. En cada hogar “alguien” ha invitado a sus familiares extintos a pasar y degustar, o bien “atascarse”, según el apetito de los mismos, de lo que se ha dispuesto para él, ella o ell@s...

Hoy le dije a mi madre “pues si estuviera muerta no regresaría a visitarlos hasta que no quitaran el incienso”, rió por la tontería argumentando que hasta muerta seria chocante (creo que tiene razón).
Y tras esta situación me quedé pensando… pensando que a pesar de que en casa no se lleve a cabo esa tradición, poner ofrenda o altar, por cuestiones religiosas, de mi madre obviamente, en el fondo a mí, a mí me gustaría hacer una; ya sea porque me agrada la colocación de cada una de las cosas, ya sea porque es una costumbre muy arraigada en el ideario mexicano, o bien por el más puro romanticismo. Confieso mi escepticismo ante estas usanzas pero el solo imaginar a un ser incorpóreo haciendo arribo a lo que en algún tiempo fue su casa, su espacio, su vida, vida, me provoca cierto embeleso y un dejo de tristeza. Tristeza porque ahora que lo pienso bien, no tendré un sitio al cual llegar cuando me den luz verde en el purgatorio para salir, puesto que también tendré derecho, ¿no?