Piensa un título


Desconozco si pasarás por este sitio tan en desuso y que cae a pedazos conforme transcurren los días, las horas y los segundos ( ok ok he dramatizado un poco al respecto). Quiero que sepas que aquí soy más que allá fuera, que puedo hacer de lo privado algo público, que la nimiedad es lo que alimentó y alimenta todo lo que se ha plasmado de manera discontinua. Aquí no temo caer en lo absurdo, puesto que de ello está atestado el mundo. Es en este lugar donde puedes entender un poco más de “mi peculiaridad”, dirías tú.


Sé que mi metáfora sobre sentimientos afectivos, vísceras, cariño, etc., te resulta poco ortodoxa y es que no hay manera que pueda cambiar de opinión: la gente cuando comienza a sentir larvas por alguien tiende a convertir todo ese cúmulo de emociones en un vil equino desbocado, el cual apresura el andar, los paisajes no pueden ser contemplados con velocidad semejante, el tiempo se consume, de golpe y porrazo han pinchado las espuelas sobre sus costados y no hay espacio para poder pensar. Cierto es que la aceleración provoca excitación, pero cierto también que todo transcurre tal como llegó. Debido a lo anterior prefiero que los sentimientos en mi vida sean más semejantes a un burro o una mula, animales de trotar parsimonioso pero constante, capaces de soportar un gran peso sobre sus lomos y aun así continuar el camino.


Es mucho muy probable que ésta sea la primera y única vez que haga evidente lo que parece evidente, digo para no recibir un palmo de narices, además pediste que te sorprendiera y como un estuche de monerías no soy sólo fui capaz de presentarte al mundo blogger, lo sé, soy algo cobarde.


Para finiquitar este asunto que me parece un poco cursi (o mucho muy cursi, según mis cánones) he aquí esa canción que a ratos es bonita, a ratos pornográfica y a ratos sustrae mi relativa serenidad, y que conste que no conocía de su existencia hasta que me la diste a escuchar.


Alineación al centro
Nota: Gracias por dejarme arreglar tus días.